El TDAH no es una cuestión de “fuerza de voluntad”

Pese a las muchas diferencias en el TDAH entre niños y adultos, hay algo que comparten prácticamente todos. Aunque tienen una dificultad crónica considerable para organizarse y comenzar muchas tareas, enfocar su atención, mantener el esfuerzo y utilizar su memoria de trabajo; siempre desconcierta observar que hay algunas actividades o tareas específicas en las que no tienen ninguna dificultad para ejercer estas mismas funciones de una manera normal o incluso extraordinaria.

La irregularidad en la motivación y el rendimiento es el aspecto más desconcertante del TDAH. Cabría pensar que un niño o adulto que muestra una fuerte motivación y es capaz de centrarse en algunas tareas, debería ser también capaz de hacerlo en otras tareas importantes.

Parece una simple cuestión de “falta de voluntad”. Si puedes hacer esto, ¿por qué no puede hacer también eso y aquello, que son aún más importantes? Sin embargo, el TDAH no es una cuestión de fuerza de voluntad. Se trata de un problema en la dinámica de la química del cerebro.

Investigaciones recientes ofrecen considerables evidencias de que el TDAH no es una “cuestión de fuerza de voluntad”, aunque a menudo lo parezca. Cuando una persona con TDAH se enfrenta a una tarea que le resulta realmente interesante – no porque alguien le diga que debe serlo, sino porque en ese momento a ella se lo parece así – esa percepción, consciente o inconsciente, cambia instantáneamente la química del cerebro. Es un proceso que no depende de la voluntad.

Las suposiciones acerca de la fuerza de voluntad se basan en dos errores sobre el funcionamiento del cerebro. Estas suposiciones ignoran el complejo y poderoso papel de las emociones inconscientes en los procesos de motivación, y no reconocen la gran importancia de la memoria de trabajo a la hora de priorizar tareas en cada momento.

Las emociones, motor de la motivación

Las emociones – en su mayoría inconscientes – son potentes e importantísimas motivadoras de los pensamientos y las acciones humanas y tienen un papel crucial en las funciones ejecutivas para:

  • iniciar y priorizar las tareas,
  • mantener o cambiar el interés o el esfuerzo,
  • mantener pensamientos en la memoria activa,
  • decidir evitar una tarea o situación.

El cerebro humano responde a la calidad y la intensidad de las emociones vinculadas a los recuerdos asociados.

Muchas personas piensan que las emociones sólo implican sentimientos conscientes, limitados a sensaciones como tristeza, ira, placer, preocupación… de las que la persona es plenamente consciente y que suele poder identificar. La neurociencia ha demostrado que los sentimientos conscientes son sólo una pequeña parte de la amplia gama de emociones que opera en cada persona en la motivación de las funciones ejecutivas. Podemos ser plenamente conscientes de un recuerdo, pero la gran mayoría de los recuerdos que evocamos permanecen inconscientes.

A menudo, estas emociones inconscientes entran en conflicto y nos hacen actuar de manera contradictoria con nuestras intenciones conscientes. Detrás de nuestro fracaso en la ejecución de tareas que conscientemente queremos llevar a cabo, o de nuestra implicación, directa o indirecta, en acciones que conscientemente no queremos realizar, suele haber una corriente subyacente de emociones conflictivas.

Una persona puede pensar que una determinada tarea es importante y creer sinceramente que quiere dedicarle una atención inmediata y un esfuerzo sostenido, pero no actuar en consecuencia. Puede continuar postergándola, ocupándose de tareas menos urgentes, o puede buscar distracciones activamente, contactando con amigos, navegando por Internet, bebiendo o yéndose a dormir. Tales contradicciones sólo adquieren sentido cuando nos damos cuenta de que las emociones que guían nuestras motivaciones son a menudo contradictorias o no totalmente conscientes.

Podemos estar influenciados por emociones de las que no somos conscientes.

Factores de la motivación

  • El factor fundamental que interviene en la capacidad de una persona con TDAH para centrarse y aplicar de manera eficiente sus funciones ejecutivas a algunas tareas, mientras que es crónicamente incapaz de centrarse adecuadamente en muchas otras, tiene que ver con la transmisión neuronal. Muchos estudios han demostrado que el tratamiento con medicamentos estimulantes mejora la eficiencia de la comunicación neuronal.

Sin embargo, la mayor liberación y el retardo de la recaptación no dependen de la voluntad. Sólo se dan en aquellas tareas por las que el individuo con TDAH tiene un gran interés. Este interés puede deberse a que esa actividad le ha proporcionado placer u otras recompensas anteriormente. O puede intensificarse por temor a que ocurra de inmediato algo que prevé desagradable si no se dedica a la tarea en ese momento. Ya sea por placer o temor anticipado, el mayor interés provoca instantáneamente una mayor liberación de dopamina, que perdurará mientras ese interés intensificado persista.

  • El segundo factor que influye en la capacidad de prestar atención a algunas tareas y no a otras es la relativa debilidad de la memoria de trabajo, característica de muchas personas con TDAH. La memoria de trabajo es esencial para tener presente la prioridad relativa de nuestros diversos intereses en un momento dado.

La investigación en Psicología Social ha demostrado que los individuos con mayor memoria de trabajo ( capacidad de vincular con rapidez varios recuerdos relevantes a la hora de hacer o no una tarea) tienen mayor habilidad para manejar las emociones – agradables o desagradables – sin dejarse atrapar por ellas.

Las personas con TDAH tienen una memoria de trabajo frágil, por lo que tienen más dificultad para relacionar con rapidez varios recuerdos relevantes a la hora de hacer o no una tarea. Son menos proclives a considerar el panorama general del que forma parte el momento presente . Funcionan como alguien que ve un partido de baloncesto a través de un catalejo y no puede percibir lo que ocurre en el resto de la cancha, las amenazas y oportunidades que hay fuera del pequeño círculo que su catalejo le permite ver.

Esta frecuente y desconcertante forma de actuar, si no se tiene en cuenta la causalidad descrita, provoca a la larga en el ambiente en el que se desenvuelven, reacciones de extrañeza, desconcierto o enojo, que derivan en disrupciones y alteraciones en las relaciones y en las emociones que entorpecen un buen manejo del trastorno. El conocimiento, no basado en suposiciones, del funcionamiento neuronal , el poder de la motivación y la gestión de las emociones que la persona con TDAH tiene, a buen seguro dará oportunidad a las personas que conviven con ella , de actuar en base a ello para conseguir una mejor adecuación y predisposición para manejar y entender estos comportamientos.

Carmelo Pérez García

Psicólogo de Ampachico

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