El Riesgo de la Sobreprotección

 

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Si tenemos en cuenta algunos de los síntomas del TDA-H (apartado Diagnóstico y Sintomatología del TDA-H), podemos entender la preocupación de los padres, madres y demás familiares de niños/as y adolescentes con TDA-H.

Algunos de estos síntomas son:

  • A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.
  • A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas.
  • A menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  • A menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades.
  • A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
  • A menudo es descuidado en las actividades diarias.
  • A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.
  • A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo (en adolescentes o adultos puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud).
  • A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.
  • A menudo “está en marcha” o suele actuar como si tuviera un motor.
  • A menudo habla en exceso.
  • A menudo precipita respuesta antes de haber sido completadas las preguntas.
  • A menudo tiene dificultades para guardar turno.

Sin embargo, pese a las dificultades que puedan tener, no podemos olvidar que no es lo mismo PROTEGER  que SOBREPROTEGER. En el primer caso, estamos velando por ellos, protegiéndolos durante ciertos momentos y especialmente en los primeros años de vida puesto que es cuando son más vulnerables. Por otro lado, en el caso de la sobreprotección el fin no es protegerlos, sino que les vigilamos, les advertimos de los inmensos peligros que existen en el mundo, infundiéndoles temor, tomamos decisiones por ellos y les solucionamos todos los problemas y… todo ello es dañino, NO les estamos ayudando, aunque sea esta nuestra idea en primera instancia.

A continuación, vamos a analizar la siguiente imagen, obtenida en “Cuantarazón.com”.

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En el caso de la izquierda, podemos ver cómo estamos infundiendo temor en el niño, miedo, nervios por lo que acabamos de decirle… mientras que en el caso de la derecha, podemos ver cómo el padre, de forma calmada y tranquila, decide quedarse cerca de su hijo por si se hace daño, pero sin transmitirle miedo, sino cariño y amor por el hecho de que se preocupa por él, pero sin hacerle sentir torpe e inútil, como en el caso anterior.

Es inevitable que los niños se caigan, que se hagan daño, TODOS, ABSOLUTAMENTE TODOS NOSOTROS nos hemos daño alguna vez y… ¡SEGUIMOS ADELANTE! Es comprensible que nos preocupemos por nuestros hijos, pero la sobreprotección no les beneficia, ni a nosotros tampoco, puesto que percibimos peligros en todas partes.

Estas son algunas frases o pensamientos que pueden tener los padres y madres sobreprotectores:

“No hagas eso que puedes lastimarte”,

“No vas a ir a dormir a casa de tu amigo porque yo no conozco esa casa”

“No irás a la excursión porque los animales pueden ser peligrosos”

“Sabía yo que te ibas a caer… con lo torpe que eres…”

“Ni lo intentes, no lo vas a conseguir”

CONSECUENCIAS DE LA SOBREPROTECCIÓN

 Personas miedosas

Tiene sentido. Si nos hemos pasado la vida advirtiéndole a nuestros hijos de absolutamente todos los “peligros”, por improbables o insignificantes que sean, que pueden encontrarse en su vida, andarán por el mundo con miedo a lo “que pueda ocurrir”.

Además, si nunca le hemos dado las herramientas para que sepan afrontar y solucionar sus problemas por ellos mismos, serán incapaces de enfrentarse a ellos solos e incluso pueden hacerse dependientes de alguien que les “saque las castañas del fuego” cada vez que se encuentren en una situación complicada.

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Baja tolerancia a la frustración

Como sus padres siempre se han asegurado de que no sufran por nada ni se frustren cuando no consiguen lo que quieren, dándoles todo lo que piden en el momento que lo piden y minimizando su dolor. No han aprendido a tolerar que las cosas no siempre salen en la vida como a uno le gustaría y nos guste o no, esta es la realidad. 

Pero, tarde o temprano, la vida y la sociedad les dirá que no es así y que hay cosas que inevitablemente nos harán daño y nos crearan frustración. Lo más probable es que reaccionen a las frustraciones con ira, exigencias e incluso agresividad lo que les puede llevar a tener dificultades en las relaciones sociales y en la vida en general.

Anulación del desarrollo de las capacidades personales

Si siempre estamos anticipándole al niño lo que le va o no a ocurrir, si no le dejamos equivocarse para aprender y si lo hacemos todo por ellos, evidentemente, estamos capando su capacidad de aprendizaje.

Si no le dejamos caerse, nunca aprenderá qué es lo que debe hacer y lo que no debe hacer. Las personas aprendemos por consecuencias negativas y positivas debido a nuestras experiencias directas, por lo que es indiscutible la necesidad de que el niño experimente con el mundo para aprender a manejarse mejor en el futuro.

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QUÉ PUEDES HACER PARA EVITAR LA SOBREPROTECCIÓN

  • No estés demasiado pendiente de lo que hace tu hijo para salir corriendo en su ayuda. Deja que sea él o ella quien te pida ayuda cuando la necesite y evalúa si de verdad necesita ayuda o si es algo que puede hacer por sí mismo aunque sea frustrante o molesto.
  • Enseñarle a tu hijo o hija cómo debe actuar en caso de encontrarse en una situación de peligro es preferible a tratar de impedir que haga muchas actividades porque temes que le pase algo malo. No se lo impidas solo por tus miedos.
  • Si tiene miedo de hacer algo, ten en cuenta que el miedo puede deberse tan solo a que no sabe cómo se hace. En este caso, explícale exactamente lo que tiene que hacer o decir y deja que lo haga luego por sí mismo. Así le estarás enseñando en vez de sobreprotegerle.
  • Cuando tenga problemas y te consulte para resolverlos, no le ofrezcas la solución “en bandeja”, pregúntale qué cree él/ella que debería hacer, y después aconséjale, pero dale la oportunidad de que piense primero la solución.
  • Anímale a que aproveche su potencial, no le reprimas, si se equivoca te tendrá a ti para consolarle, pero debe saber que el fracaso existe y es bueno aprender de ello.

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Como dijo D. Víctor Urquiza Valverde que nos acompañó en la celebración del X Aniversario de AMPACHICO: “Dejad que ellos decidan”.


Tamara

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